Archivos de la categoría ‘Semblanzas de malditos’

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Tú que llevaste a donde fuera el nombre de tu madre

El mundo guardó silencio cuando cruzabas las piernas para poner la guitarra.

El Flamenco, esa nave de los parias, hizo que habitaras el puerto de Algeciras

Aún estando en Nueva York,  en las Playas de Tulum,  o en la Habana

Siempre en tu territorio que son dos ojos y el mar salpicado de Africa.

Entre dos Aguas puedo encontrar los sonidos de un sueño: Música!

Ya veo, Paco, las aves rapaces, flamencólogos y ministros

Escribiendo libros, creando institutos, premios y antologías

Mientras el cuerpo viaja inerme desde Yucatán a Gibraltar

Tu  juegas de nuevo con Camarón en los callejones de Andalucía.

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Screen Shot 2014-02-02 at 9.59.33 PMLa primera vez que lo vi actuar yo tenía 15 años y descubría apenas la existencia de algo llamado “Cine norteamericano independiente”  Rubio ,casi albino, representaba a un tímido oficinista, incapaz de sostener relaciones duraderas. La película se titulaba “Happiness” una de lás cintas más patéticas y brillantes que había visto hasta el momento. Philip  fue para mí la revelación de lo que es un actor: aun siendo actor, es decir, portador de una mascara siempre expuesta al escrutinio, necesariamente extrovertido, podía representar muy bien la timidez, la introversión. A pesar de verlo en Cine, me daba la impresión, como en el teatro, de tenerlo ahi cerca, lo podía sacudir y decirle: “Hey amigo, no te masturbes, tu puedes tener a la chica que desees”. Muchas veces odie en los personajes de Seymour lo aberrante y anodino de mi propia personalidad.

Después fue el enfermero de un paciente terminal en la película talismán de mis 18 años, “Magnolia”Siempre aprecie aquella manera en  que Philip rompía el molde de cualquier papel secundario, esa manera de no hacer nada, llena, repleta de sentido. Lo ví haciendo de Capote, de Maricón, de Mafioso, de él mismo, al fin y al cabo

Cuando fui a Nueva York, en un arrebato a los 22 años, me pareció verlo en alguna calle de Manhattan, en sudadera, y gorro de invierno. Puede ser que haya sido una ilusión, da igual, Philip podia, tenía la capacidad de ser cualquier newyorkino, cualquier hombre comun, cualquier oficinista anónimo. Le daba a uno la impresión de poderlo encontrar a la vuelta de la esquina, en un bar, en un aeropuerto, tan real, que lo podías encontrar en su baño, muerto, con una dosis de más en sus venas y preparando su próximo papel. Bye my friend!

Mi Encuentro con Mutis

Publicado: septiembre 23, 2013 en Semblanzas de malditos

No podía haber un mejor lugar que el Barrio gótico de Barcelona para encontrarme con Alvaro Mutis, el autor de la única novela de Gótico Tropical escrita jamás. Una tarde otoñal, en una encrucijada de esas que abundan en Barcelona, vi el perfil tranquilo de Mutis tomándose una cerveza helada. El primer escritor Colombiano que amé, el dueño de muchas noches de insmonio mías, nos abrió su mesa solitaria. Nos invitó a Lucia, a mi Madre y a mi a una copa de cerveza, mientras me contaba, como a un amigo entrañable, que su mujer Carmé, Catalana de origen,342_39359084781_1474_n estaba en el Corte Inglés haciendo compras de ocasión, actividad que él detestaba, por eso, literalmente, se le perdía por entre las callejuelas barcelonesas. Le dije que  en mi adolescencia había sido mi Verne, mi Salgari, a falta de estos autores en la biblioteca de mi Abuelo. Su poesía la conocí cuando descifraba mi adultez, El diario de Lecumberrí, el testimonio de su presidio, se lo susurre al oído a los presos de La picota, en un taller de literatura que dicté en el 2004.  El no le prestó importancia a esas historias. Le dije que algún día sería un autor tranquilo y feliz como él, escondiéndome de mi mujer mientras esta realizabaa las compras, se río y pidió otra cerveza más a su cuenta… Un minuto de silencio y una eternidad de Mutis

Cuando Carlos Castillo Quintero, o CQ (Sigla que uso con cariño telegráfico para referirme a mi amigo) me contó que había otro escritor llamado Carlos Castillo y que además se desempeñaba como jurado en casi todos los concursos literarios (que no son muchos) de esta ciudad y que tenían más o menos la misma edad, pensé en el texto “Borges y yo”  Al otro Carlos es al que le ocurren las cosas.

Screen Shot 2013-08-10 at 11.53.40 AMMe explico: al menos hay dos Carlos Castillo. Uno de ellos, el seductor, despierta una mañana y descubre que al otro, el referente literario de la altiplanicie, lo espera una comunidad de campesinos sedientos de literatura, esa misma tarde, en algún mágico pueblo Boyacense. Entonces, el citadino, el nocturno Carlos me llama y me cuenta “hermanito imagínese que…” y entonces yo respondo ” A donde hay que ir Carlos, qué hay que hacer”

Siempre se puede emprender un viaje con Carlos, con cualquiera de ellos.

Al otro  lo invitan a encuentros de escritores y semanas de la cultura de su departamento, mientras el Carlos que más conozco, esta casi siempre en un apartamento en el que sólo caben él, su gato y algunos imprescindibles de Oneti y las únicas invitaciones que recibe son para tomarse unas cervezas en el bar de Esperancita en La Macarena. Aunque debo aclarar que Esperanza (ya no merece el diminutivo) nos estafó metiéndonos un billete falso y que Carlos, por lo menos el Carlos más reciente, ya no bebe y vive en Las Aguas.  No confundir con:  Carlos ya no vive y bebe en Las Aguas.

Carlos, el niño de 46 años tiene manos grandes y la estatura perfecta para una “King Side bed” en donde generalmente escribe, acostado

Carlos:  nunca podré pagarte el haberme iniciado en el aniquilamiento de los adverbios y algún que otro truco para no amanecer solo

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Difícil imaginar a un hombre tan flaco como Pablo cargando instrumentos destemplados para una banda itinerante. Trompetista de los Diablitos,  sus pulmones  a flor de piel  soplaron las notas de cumbias y porros,  ambientando las verbenas más delirantes y las fiestas familiares de Boyacenses rubicundos

En el Subterráneo de Montparnasse, el mismo Pablo, algunos años después, más flaco aún (lejos de la papa criolla y el cocido de alubias)  reunía en su sombrero las monedas necesarias para el Baguete y la pensión, después de intentar alguna frase de jazz en un saxo tenor, que en aquellos días de hambre Parisina, era más ancho que él.

“Seco de carnes, enjuto de rostro” Así, este escritor musicópata, nacido en el infierno de Barrancabermeja al lado de Río Magdalena, criado entre las Montañas de Medellín;  huidizo, ligero, plumífero, concibió una de las obras literarias más robustas de nuestras letras.  Y la escribió mientras escapaba de su condición de paisa, de colombiano, de contemporáneo. Siempre huyendo.

Así entiendo la delgadez de mi querido Pablo. La finura de su cuerpo y de su obra, le permitió colarse por las hendiduras del tiempo y reencarnar a Ovidio en su atribulado destierro (Lejos de Roma) le permitió situarse sin ser descubierto, en ese filo privilegiado donde los observadores esperan la desnudez femenina (La sed del ojo)

Sólo un flaco como tu puede volar por los siglos,  sobre guerras y pestes, y situarse en un año lejano, como pájaro que se posa en una rama a descansar.