Archivos para septiembre, 2014

Cerati espacial color 002Me enteré de la muerte de Gustavo Cerati cuando ya todos “mi amigos” habían rasgado sus vestiduras en Facebook. Si los fantasmas de las celebridades muertas pudieran ver las  memeces que la gente se inventa tras su muerte, mientras finge trabajar o intenta vivir, dirían: “partida de desocupados, no desperdicien el escaso tiempo de la vida en el muro de facebook” Dudo mucho que los fantasmas puedan entrar a Facebook, de ser así,  Mark Zuckerberg no tardaría en inventar una aplicación ingeniosa para convertir en plata blanca la presencia de espectros famosos en sus redes.

Supe la noticia mientras daba cumplimiento a un comparendo pedagógico para evitar el pago total de una multa de tránsito.Unas semanas antes había parqueado mi Sparkie en una bahía prohibida sobre una calle de esas que en Bogotá llamamos transversales , diagonales, carreras, en fin, todo lo que no es una calle principal o secundaria. El encargado de darnos el curso de tres horas sobre normas de tránsito decidió comenzar con un minuto de silencio.

El prodigiosos profesor  de la urbanidad del carro (y no Carreño) no sólo conocía las mil trescientas posibles infracciones al código nacional de tránsito, entre las cuales se encuentra mirarse fijamente al espejo retrovisor mientras se conduce, también profesaba una devota erudición acerca de la carrera del músico argentino, recién fallecido. Conocía en orden los 23 albums con Soda Stereo y los 7 como solista. Enumeró sin titubear sus colaboraciones con otros artistas y aseguró tener archivos de todas sus giras desde la primera presentación en el 84 hasta aquella fatídica presentación en Caracas en el 2010. Al finalizar el minuto de silencio, el compungido maestro indicó que como todos los conductores del mundo, Cerati no estaba excento de sufrir un accidente y que lo que produjo su muerte fue un accidente cerebral, distinto a los accidentes por cruces prohibidos, o señales de stop ignoradas, pero accidente al fin. Sorpresivo, culposo,involuntario. 

Ojalá hubiera tenido 4 años de hibernación tras cometer mi infracción de tránsito para enfrentar sus consecuencias, así como tuvo Gustavo después de sufrir su accidente. Y es que su muerte, bochornosa en todo caso, está matizada por un lustro de agonía. Más que muerte es una reiteración del olvido. Y yo en su lugar también habría muerto. ¿Volver para qué carajos? Si alguna vez Cerati había pedido que lo despertaran después de que pasará el Reggaeaton, mejor seguir dormido: el perreo galáctico perdura en las discotecas y balnearios de todo nuestro continente.

Vivir  se convierte en la diaria rutina de pagar las multas de tránsito y los recibos de luz y acometer toda suerte de trámites y de filas, para cancelar cuentas pendientes. Si un accidente cardiovascular me permitiera escapar de todo esto por un tiempo, quizá optaría por sufrirlo. Me pongo en el lugar de Gustavo y también hubiera optado por la muerte. ¿Volver a qué? ¿Se imaginan el monto total de la cuenta del hospital? Con la deuda externa amenazando la economía argentina Cristina no hubiera podido asumir ni los primeros meses de estadía.  ¿Se imaginan el tono de los reclamos de sus mujeres y sus hijos por años de abandono o el regaño de la madre por el exceso de cocaina y viagra? La muerte como una “vuelta por el universo” resulta más atractiva.

Gustavo, yo tampoco hubiera vuelto, ¿para qué?  

“Lo sucedido nos lastima, nuestro pasado nos suele matar”