Archivos para octubre, 2013

Screen Shot 2013-10-29 at 11.55.41 PMEsto va a sonar ridículo. Lo escribo como fan adolescente del “Club de la serpiente” como  lector impenitente de Rayuela, como aquel que escribe en Facebook frases de Julio Cortazar para ver si algún cronopio le para bolas, o aquel que odia en secreto la insulsa palabra “Golosa”.  Juan Bierman, Horacio Oliveira y yo tenemos algo en común, y es un nombre de mujer, Lucía. Y no es que estuviéramos buscando Magas por los puentes colgantes del mundo, con una edición de Rayuela bajo el brazo; pero ambos, mas o menos por las mismas fechas, sucumbimos al “rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio” o lo que es lo mismo: nos enamoramos de mujeres bautizadas con el nombre de Lucía.  En esto Bierman se acercó más a la onomástica coincidencia ya que su Lucía, según me contó ayer, en otro encuentro casual (que son los menos casuales) es Uruguaya, al igual que aquella que se peinaba y se despeinaba, mientras Horacio tomaba otro mate, que cantaba o escuchaba a Shuman, según la fase de la Luna. Pero el amor, esa palabra…..Se que este post no le va a gustar a mi Lucía, que ya no es mia, como tampoco es de él la Lucía de mi amigo, y como nunca fue de Oliveira aquella Maga oriunda de alguna estrella polar.  El tiempo pasa y vienen otros nombres y otras coincidencias literarias.

“Escribir es coincidir de vez en cuando con el misterio”.  Brindamos por las Lucías. Y venga otra cerveza fría en El Girón, un bar donde se puede fumar por la 45, llegando al Park Way.

Con Bierman, que es de mi generación, 3 años mayor y como 20 cm más alto, pasa algo genial, poco importa que la Maga sea la forma de decir “mujer” de un escritor porteño perdido en Paris,  en otras palabras,  pura ficción. Para nosotros cualquier emanación literaria tiene entidad real, carne y osamenta, Por ahi andan nuestros personajes deambulando por la ciudad con sus rutinas y oficios esperando que nosotros movamos los hilos, muertos de la aburrición. Muchas veces son ellos, en encuentros embarazosos, los que nos recuerdan que debemos escribir. Como si los personajes de novelas inacabadas o proyectos literarios fueran fantasmas en pena que esperan ser redimidos por nuestra escritura. Es natural que Juan Bierman me hable de Fausto, uno de sus personajes, como si hablara de un compañero de trabajo o el novio de una hermana, o lo que sea.

Estamos de acuerdo en que gran parte de eso que llaman oficio de escribir es  estar siempre disponible a un llamado telefónico, o a un encuentro imprevisto que puede ser indicio de un nuevo libro.  En un instante entre las 4 jarras de cerveza, Bierman saca de su mochila la pluma de 2mil pesos con la que escribe y me muestra el tintero. Pienso cuantos personajes reposan en el liquido espeso de la tinta esperando que la punta de la pluma los toque.

 

 

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Screen Shot 2013-10-16 at 7.25.12 PM

Cada año, por estas fechas, suenan las campanas catedralicias de un autor de culto. El profeta Vallejo  visita Medellín con motivo de un nuevo  libro, novela, compendio gramatical, biografía de poetas o retahila en contra de alguna institución. Esta vez se trata de una novela “Casa Blanca la bella” en donde Vallejo retoma el asunto del desmoronamiento, que al parecer no se agotó en su obra cumbre (aunque la palabra cumbre se contradice con el título) El Desbarrancamiento. La Casa, aquella en donde Vallejo creció,  es el escenario de la lenta destrucción familiar y la corrosión moral. Vallejo admite, en una entrevista concedida  al diario El Espectador, que en estos dos libros le ha encontrado forma al Desastre.

Encaramado en ese púlpito de ateo consumado, desde el cual Cantaletea a diestra y siniestra,  Vallejo describe los contornos del desastre: el sin sentido de los oficios humanos (sobre todo del oficio de escribir) la superpoblación insensata y la crueldad contra los animales.

Es muy común que la literatura tome prestadas las formas de la vida, retenga modos de hablar, reconstruya hechos dolorosos y  de voz a las cosas.  Pocas veces  la vida, caótica e informe, imita a la literatura. Esto sucede cada tanto y las gentes lo registran como si se tratara de una denominación de origen. Se dice entonces que tal o cual acontecimiento es  Cortazariano, Borgiano, Kafkiano, Rocambolesco, Macondiano, Maquiavélico.

No se si es prematuro, pero quiero reportar un hecho que me parece Vallejano, se se me permite la figura. El colapso de una torre de 22 pisos en El Poblado (Medellín) pocos días después de la visita de Vallejo. Por favor no se me entienda mal, no estoy implicando al escritor paisa en estos lamentables hechos, ni más faltaba. Sería, en todo caso, la gran bruja que es La Literatura, que penetra en los aspectos más oscuros de la condición humana, la sospechosa principal de este fenómeno en el que un hecho como este parece sacado de una novela.

Se trata del conjunto de edificios construido en el inestable suelo del Poblado llamado ridiculamente  ”Space” en la ciudad más innovadora y a la vez más desigual del Mundo.  Es la historia triste del castillo de naipes  de una clase media rampante, que se reproduce; hace y deshace familias basadas en el credito y la hipoteca. Por otro lado el edificio derruido y las otras torres demolidas,  eran estructuras de barro hechas sin precaución, con la complicidad de funcionarios corruptos. Ese es el Universo Vallejano.

Además un detalle de fino humor. Como si de un guiño del propio Vallejo se tratara, entre los escombros sobrevivieron 6 perros, 8 gatos,  3 tortugas y un papagayo. Los animales y su incuestionable superioridad con respecto al Desastre humano, es un aspecto  imprescindible en  Vallejo y no podía faltar en este primer hecho Vallejano que queda  aquí registrado.

Anoche a esta hora veía en mi casa “Jobs” el biopic sobre el fundador de Apple, protagonizada por el siempre adolescente Ashton Kustcher.  Lánguida interpretación, endeble  película, bostezos.  Parecía improbable que aquel postizo gruñón del film fuera el mismo genio creador detrás de mi querido Iphone 5, cargándose en la pared de mi cuarto, como silenciosa extensión de mi mismo.  (I phone = Yo-teléfono)

Pero vayamos unas horas más atrás. Quizá así, de forma kármica, podremos entender las razones por las que  ahora ya no tengo Iphone.

En Colombia convertimos el verbo imperativo “Agáchese” en una forma de ganarse a vida,  un universo con reglas propias. Como el Shopping Mall en Estados Unidos, o los escaparates glamurosos en Europa, “Agachese” es una manera de adquirir objetos de dudosa utilidad. Sobre sábanas rotas en el asfalto, comerciantes ansiosos trafican todo tipo de mercancia: artesanías, camisetas de La Selección, chocolatinas, libros de Fernando Vallejo  y muchas películas copiadas, si, películas que ni siquiera han estrenado en Colombia, copias de festivales,  cortes no definitivos.

En una manta de esas, en Chapinero, se encontraba “Jobs” la película que ni siquiera han empezado a promocionar en este país en donde Julio Florez escribió “Todo nos llega tarde” hasta una cinta tan mediocre como “Jobs”. Aun después de ver el casting encabezado por Kustcher,  manifesté interés por la copia.  Le dije al jefe de aquel corsario improvisado “Pero esta peli ni siquiera ha salido en Cartelera” y respondió el forajido  “Así somos de rápidos”  Terminé dándole dos mil pesos por la película y la guarde en el bolsillo junto a mi Iphone.

Todo lo demás sucedió como en esa película mala, de forma inconexa, flemática. Al día siguiente me encuentro mi prima, le cuento que he visto “Jobs” y resulta que ella también la ha visto, gracias a un sistema más sofisticado que “El Agáchese” que se llama “Netflix” Para mi sorpresa la película le ha encantado. Me cuenta, sin que se lo pregunte, que en la noche irá a un espectáculo de Magia, “Magos de las Vegas”  le digo que el único mago de las Vegas que conozco es Sam “Ace” Rothstein de la película de Scorcese:  un apostador que termina siendo el rey de ese desierto de monedas.  Sin embargo el espectáculo al que hace referencia mi prima es de otro tipo, magos ilusionistas y trucos sofisticados.  El Cartel anuncia al desdentado y flaco Juan Tamariz (la magia de este personaje consiste en seguir vivo) y aquel mago carismático que alternaba el trucaje con la venta de de alfombras, ese que desapareció el serro de Monserrate por 3 segundos. Le desee a Catalina suerte en el espectáculo y añoré esa infancia donde la Magia era el noble oficio de manipular el misterio.

Horas después me estoy tomando un café con unos amigos en alguna de las terrazas de Juan Valdes. Se acercan dos vendedores ambulantes con DVDs piratas en la mano, yo pienso en aquellos que me vendieron ayer “Jobs”. Aunque ninguno de ellos parece importarles las más básicas nociónes del  derecho de autor, noto una diferencia entre los piratas de ayer, con la sarna propia de Jack Sparrow y los malandrines de hoy, torpes y descuidados con su mercancia. Estos arrojan en la mesa películas que ninguno identifica, en todo caso no están en Cartelera, y todas parecen ser de Cine Nacional,  a mi me pareció ver fugazmente una copia de Ilona llega con la Lluvia. Nos distraen los títulos misteriosos sobre la mesa.  Les pedimos que se vayan, que no queremos comprar cine colombiano y nos piden entonces para una sopa. Uno de mis amigos le da un billete de dos mil (lo que pagué ayer por Jobs) y los dos se van muy rápido.

Nos quedamos en silencio, pensando que estos tipos están drogados o que a lo mejor acaban de salir de un tratamiento de desintoxicación.  En su prisa dejaron una película sobre la mesa, es una copia de La virgen de los Sicarios,  la tomo y observó que esta vacía. Malditos! no venían a vendernos películas colombianas,  ni a conseguir lo de su dosis mínima. Busco en mis bolsillos y en la mesa y sólo están las tres tristes tazas de café ya algunas monedas: mi Iphone ha desaparecido.

Al final del día hablo con mi prima que ha salido extasiada con el show de Magia. Los prestidigitadores hicieron su trabajo, desviar la atención del público que sólo ve lo que el mago desea que vea, dejando en penumbra el mecanismo por el cuál el conejo entra en la copa del sombrero, o las espadas no cortan la cintura de la dama. Cuando me pregunta cómo me ha ido, le respondo. Prima yo también estuve ante dos magos.

Screen Shot 2013-10-05 at 9.06.48 AMDespués de un rapto de 600 páginas  hoy tengo veinte años más encima en la edad secreta de los lectores. He terminado “Los Detectives Salvajes” Un viaje de dos décadas, sin Itaca, sin Penélope,  persecusión de  un proxeneta detrás de su puta más querida, búsqueda del rastro invisible de una poeta de los años veinte, asesinato en defensa propia y huida sin reparos, sin escondite.

Después de 3 semanas con esas 600 páginas como almohada conteniendo mundos: El desierto de Sonora,  las balas perdidas de Mexico,  los arrabales de Barcelona, las tensa calma de TelAviv,  la Paris de hambre luminosa. Y Belano  y Lima, hablándome como amigos. Hoy tengo el jet lack de haber viajado mucho, en la  ligera nave en la que viajan los lectores.

Quizá sea lo de menos, Los detectives salvajes, el libro, también es una novela.