Comprender, luchar y despedirse

Publicado: agosto 12, 2013 en CIne del Dharma
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“La muerte es algo que alcanza a todos, a cada familia.  Es sólo una cuestión de tiempo. Lo que es inevitable, le dice el maestro, no debe lamentarse en exceso” Parábola de las semillas

Este Ciclo de Dharmafilms o tres “giros” como me referiré a las películas, son representaciones fílmicas de tres momentos en los que todos los seres humanos nos hemos visto envueltos alguna vez, desde muy niños, en nuestra natural relación con la muerte.

En la primera película “Las Estaciones de la Vida” (Corea 2003) el protagonista, de unos 7 años,   descubre la fragilidad de la vida y que incluso con sus manos de niño tiene la capacidad de destruir la de los seres que le rodean. La conciencia de esta fragilidad, representada en la muerte de una serpiente, ocasionada por los juegos del infante, el haber comprendido la brevedad y fragilidad de la vida, será una impronta que seguirá al protagonista en su camino de aprendizaje durante las estaciones de su existencia.

El maestro le dice en algún momento, cuando el protagonista llora, ya adulto, porque acaba de asesinar por celos al ser amado

“A veces debemos desprendernos de lo que más amamos”

Screen Shot 2013-08-12 at 8.57.12 AMCuando el hombre ha comprendido que la muerte es una realidad que lo permea todo, empieza una frenética lucha contra ella. Lucha inútil en la que desde el comienzo esta marcada la derrota, ya que toda lucha, es necesariamente, una lucha a muerte.

Desde que Jack, el protagonista de “La Fuente de la Vida”  (USA 2008) se entera que su mujer sufre de un tumor cerebral y que le restan algunos meses de vida, empieza una carrera desesperada por frenar la muerte, que tiene lugar en un laboratorio científico donde él trabaja investigando sustancias que puedan detener el paso natural de la enfermedad. Así empieza un camino de varias vidas (al menos 3) de aceptación de la muerte.

Cuando su esposa muere, en el momento más iracundo de su impotencia, el protagonista exclama: “La muerte es una enfermedad como cualquier otra, hay una cura. Y yo la encontraré”

Cuando ya no queda otra cosa que la simple y bella aceptación de la impermanencia y tenemos el hecho de la muerte de un ser querido, se abre una ocasión maravillosa: la despedida, la preparación del ser para ese viaje. El trabajo de preparar un cadáver, en los momentos que le suceden al fallecimiento, es un trabajo que nadie quiere hacer, nadie quiere tocar el cuerpo inerte. Pero es necesario, de hecho es un ritual ceremonosio (sabemos que en los pueblos del Tibet es una milenaria práctica sólo para iniciados)

A este trabajo se ve abocado el protagonista de muestro último Giro “Las Despedidas” (Japón 2011), después de ser despedido de su trabajo en una orquesta de Tokyo y de renunciar a su amado Violonchelo. La película habla de la desintegración, de la renuncia, desde que se disuelve la orquesta, en la primera secuencia, todo es una lenta y bella renuncia. El protagonista vulve al pueblo de su infancia, sin nada, y encuentra un trabajo muy particular: arreglar los cadáveres de las gentes que mueren.

En este empleo inicia un camino de aprendizaje, que lo lleva a despedirse de su propio padre que no ve desde que tenía 6 años y por un encargo del destino debe preparar su cadáver

La frase de esta película

“La muerte no es el final, es un portal de lo que sigue”

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